Este sitio surge, dentro de nuestra Asociación, con la intención de convertirse en un dinámico instrumento de comunicación con los practicantes del viejo arte del Taijiquan…>>leer más
CLASES
Centro Hispalia:
-Lunes de 18:30 a 20:00.
¡Ya llegó el verano!
En nuestras editoriales, solemos hablar de las cuestiones que se plantean en las clases de Taijiquan, por ejemplo, el amor, la libertad, la sencillez y la humildad, el honor, etc., siendo lógico y natural que así suceda, pues quienes asisten a las clases son seres humanos con inquietudes, que necesitan respuestas.
Siguiendo esta línea, vamos a referirnos en esta ocasión al valor. “Fuerza o virtud de las cosas para producir un efecto determinado”, dice una de las definiciones del Diccionario de la Lengua. El gran sabio chino Mencio lo definió de la siguiente manera: “El valor es hacer lo justo”.
A esto habría que añadir lo que dice nuestro filósofo y pensador Julián Marías, cuando considera muy significativo y afortunado “que en español el sentido fuerte y primario de la palabra “valor” sea el de valentía, lo valiente antes que lo valioso”, pues… “si falta una dosis suficiente de valor, se hunden todos los valores”
Para vivir hay que tener valor. Hace falta valor para todo: para afrontar la verdad, para no dejarse arrastrar por la masa, para decir las cosas que realmente pensamos, para no dejarse engañar ni manipular por los medios de comunicación y propaganda.
Para defender la belleza y rechazar la fealdad, para defender las causas justas y nobles, para corregirse a uno mismo, para ordenar la propia vida y ponerla al servicio de un Ideal.
La valentía es una virtud indispensable para defender y realizar los valores. No hay afirmación ni realización posible de los grandes valores humanos (la libertad, la dignidad, la justicia, la verdad, la bondad, la belleza, el orden), tanto en lo individual como en lo colectivo, si falta el valor.
(Editorial aparecido en el número 97 de la revista Tao tien)
¡De nuevo, la primavera!
Estamos viviendo un momento crítico en la historia de la humanidad: conflictos, guerras y enfrentamientos de todo tipo, tienen lugar en los más distintos puntos del panorama internacional. Cabe preguntarse: ¿dónde están las causas de tanta desolación, dolor, sufrimiento…?
Como siempre, las encontramos en el interior del ser humano, desde el momento en que el corazón se insensibiliza y la mente se ofusca persiguiendo intereses puramente materialistas que sólo saben de poder y riqueza, sin que importe la violencia, destrucción y muerte que esto pueda suponer.
Lamentablemente, la experiencia (madre de toda ciencia) nos enseña que el ser humano sigue siendo –por mucho que nos pese- un homo-animal, y la capacidad de su conciencia no difiere mucho de la del cavernícola. Emocional, mental y espiritualmente, la humanidad sigue en la minoría de edad. La ofuscación que reina en la mente humana trasciende a la sociedad, generándose un estado de continua ofuscación, además de una desmedida codicia –y en el peor de los casos- un odio irrefrenable.
Es la nuestra una sociedad polarizada en la que las disputas son el signo predominante, con unos gobernantes dormidos que, como dirían en la vieja tradición taoísta…tienen un corazón de piedra y un alma de madera. Contribuyen, si cabe, a una mayor confusión, sobre todo porque se caracterizan por un comportamiento mediocre (a medio camino).
Pero los verdaderos practicantes (taochis) de ese noble y maravilloso arte que es el Taijiquan, no estamos dispuestos a asumir tal estado de cosas. Sabemos que para obrar un verdadero cambio, hemos de empezar por nosotros mismos, desde nuestro interior, desarrollando la conciencia y liberándola de la ignorancia, la avidez y el odio.
El auténtico taochi es consciente de su propia guerra interior. Aprovecha todas las circunstancias externas, aún las más difíciles, para crecer interiormente, mejorarse y evolucionar…valorando por encima de todo la más suprema de las conquistas: la de uno mismo. Es el mayor significado de la vida; el perfume más preciado.
(Editorial aparecido en el número 96 de la revista Tao tien)
Estamos en invierno.
Nos encontramos en un período de la historia en el que el desarrollo científico y tecnológico está alcanzando cotas muy altas, acercándose cada vez más a las fronteras de lo metafísico. Según parece, la humanidad es cada día más inteligente, pero lo que está claro es que -también cada día- hay más problemas y menos felicidad.
Cabe preguntarse: ¿cómo puede suceder esto? Tendríamos que responder que lo que solemos entender por inteligencia no es lo mismo que sabiduría.
Cuando la sociedad abusa de la inteligencia parcial e ignora la sabiduría holística –la que nos permite integrar armoniosamente todas las partes de nuestra naturaleza–, los miembros que la componen suelen caer en el terrible error de olvidar los beneficios de una vida sencilla y natural.

Seducidos por sus deseos, emociones y egos, se convierten en esclavos de todo tipo de exigencias corporales, lujos, poder, concepciones religiosas un tanto desequilibradas y excusas psicológicas de las más diversas y variopintas.
Así es como abrimos las puertas al reino de las desgracias y de la confusión.
Pero tal y como viene sucediendo a lo largo de la historia, en tiempos complicados y difíciles como estos, suelen aparecer personas de espíritu superior, carismáticas, con una verdadera vocación filosófico-humanística que son capaces de hacer saltar la chispa que despierte las conciencias dormidas de aquellos que han caído en el lodo. ¿Y cómo se consigue esto?
A través del esfuerzo que, a la luz de la filosofía, nos enseña cómo liberar el propio ser, cultivando la modestia, la simplicidad y la verdad: llegamos a descubrir que nuestra naturaleza original pura es la naturaleza pura del universo.
Solo pueden ser artífices de un verdadero cambio, en el actual momento evolutivo de la humanidad, los filósofos-idealistas que, a través de un trabajo discipular, sean capaces de aquietar su mente, de ignorar todas las divergencias, de lograr una elevada conciencia de las verdades sutiles y de hacer que su virtud sea una con la virtud universal, extendiéndola al mundo sin expectativa de recompensa alguna.
(Editorial aparecido en el número 95 de la revista Tao tien)
¡Ha llegado el otoño!
Un año más, hemos atravesado el umbral del equinoccio de otoño, que, según parece, es la estación que más invita -al menos para muchos- a una reflexión sobre lo que hemos realizado en el transcurso del año, analizando lo positivo y negativo de nuestras experiencias.
En nuestra Escuela, a través de la práctica de las artes marciales internas, también hemos aprendido a ejercitarnos en ese tipo de análisis, tratando de sacar siempre aquellas conclusiones que ¿cómo no? puedan resultarnos válidas para afrontar un nuevo período, ciclo, curso…, como queramos denominarle. Pues lo importante es que haciéndolo así, esto nos servirá de apoyo para poder seguir recorriendo nuestro camino, paso a paso, sin perder la dirección que nos marca la estrella de nuestro propio destino.
Ese destino tiene que ver, pues no podría ser de otra manera, con los sueños, los ideales, por los que empezamos a luchar en un determinado momento de nuestra vida: el momento en que nuestra alma despertó a la filosofía. Y esto es lo que ha sucedido en más de un caso a lo largo de la historia de nuestra Escuela, en que ha habido compañeros que, gracias a la práctica del Taijiquan, han empezado a hacerse preguntas -lo primero en la filosofía es saber preguntarse- sobre aspectos de la existencia y de su vida que nunca antes se habían planteado.
La búsqueda del conocimiento de uno mismo para ser mejores seres humanos día a día: éste sería el nexo de unión de todos los temas que aparecen reflejados en los distintos artículos publicados en nuestro boletín, siempre bajo el enfoque de las artes marciales filosóficas que nos caracteriza.
(Editorial aparecido en el número 94 de la revista Tao tien)


